EL BIG BANG

Conexiones. Inevitables entre la sociedad. Una mirada, una sonrisa, un roce de piel contra piel, y como si se tratatra de un tsunami, se levanta una oleada de sentimientos que provoca que en tu piel vuele una brisa fresca que active todos tus poros.

Parece que cuanto menos expectativas tienes, mayor es la sorpresa. Y te puedes embaucar en unos ojos grises y como si fueran las Maldivas, quedarte a vivir en ellos. Aunque sea en un recuerdo. Sin embargo, tú sabes que no va a ir a ningún sitio. Que es algo esporádico, que no y que no. Que no puede ser, y lo sabes. Pero qué bien sienta fantasear un rato y recordar esa noche de rastros que dejaban nuestra yemas sobre nuestros cuerpos una y otra vez surcando mareas terrenales. Y que la corriente de cosquillas vuele sobre tu columna y cierres los ojos y ahí te encuentres una vez más, en unos brazos que no son tuyos, pero ojalá fueran para siempre, unos labios gruesos que no te pertencen, pero que ojalá te besaran siempre.

Y el mar, el mar en sus ojos.

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Nos convertimos en callejeros explorando los rincones de nuestro cuerpo, creando rutas alternativas de placer, robándonos besos. Besos contados, esos que saben a más. Y mientras el océano nos visitaba en mitad de la madrugada dando forma a las curvas que nuestras manos creaban, leíamos ambos cuerpos como si fuera la primera noche que nos hubieran arrebatado la capacidad de ver y tuviéramos la necesidad de descubrirlo todo. Creamos una isla propia aquella noche. Y poco a poco, empezamos a habitarla con una corriente de caricias suaves, de buceos intensos en tus labios, de jugar a que las sábanas eran arena. Seguíamos las direcciones que nuestras extremidades nos proporcionaban, nuestras manos parecían montañas rusas que nunca alcanzaban una velocidad rápida, sino que subían y bajaban lentamente, absorviendo cada célula de nuestra piel. Cuatro manos que se cruzaban entre sí en distintos mapamundis. Acariciando cicatrices ajenas.

Y me decías que tus manos estaban ásperas, y qué asperidad tan jodidamente bonita. Aquella que ahuyentó mis problemas por un par de horas, aquella que hizo que al cerrar los ojos fuera capaz de hacerme viajar. Que si hubiera podido, habría volcado toda la asperidad de tu cuerpo sobre mis huesos. Me hubiera transformando en tu ukelele para que tus dedos tocaran mis costillas en acústico como si una pluma atraversara los límites de placer acariciando mis líneas corporales.

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Pinterest.

Nos enseñan a sentir despacio. A ir sobre un campo de minas. A no volcarnos demasiado porque saldremos perjudicados. Y no nos damos cuenta, que el único accidente que debería producirse en el mundo es el de amar. Amar de forma pasional o niveles superiores, siempre y cuando se trate de querer bien. Pero estamos acostumbrados a no dejar aflorar sentimientos muy pronto, pero qué queréis que os diga, ¿quién puede detener la primavera?

Ni el más puro invierno.

Juraría que esa noche hubo un incendio. Una corriente eléctrica al colisionar nuestros cuerpos.

Juraría que esa noche se creó un nuevo universo.

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Pinterest.

Daniel Sánchez.


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