VIVIR CON SENTIMIENTO

Todos sabemos que en esta vida nos van a tachar de muchas cosas. De demasiadas. Mucha gente opina sin conocer a una persona del todo creyéndose sabedora de todas sus hazañas, derrotas y victorias. Quizá sea verdad que algunas personas nos ponemos capas para que el frío no inunde nuestros huesos. Y aun así, decidimos quedarnos en el frío. El calor suena demasiado apetecible, y a veces nos dejamos atraer por el sol que ilumina nuestras pestañas y por la brisa caliente. Pero a veces es preferible quedarse en el frío bien abrigado porque todos sabemos que el calor puede llegar a quemar.

Y quemarnos es bueno, pero no hay que apresurar las cosas. ¿Qué manía tiene la gente de acelerarlo todo? De pasar de invierno a verano sin pasar por la primavera… ¡Con lo bonita que es la primavera! ¿Qué manía de apresurarlo todo cuando ya vamos corriendo en la vida? ¿Por qué correr también en los sentimientos? Vivimos en una vida de prisas, relojes, citas. Vivimos ajetreados y corriendo. ¿Tan difícil es entender que mientras todo el mundo quiere prisa, yo quiero tranquilidad? Saltemos, pero déjame activar la cámara lenta. Quiero saborear el momento. 

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Mucha gente, como yo, somos en cierta manera complicados, y solemos llevar alguna capa de más para el invierno teniendo el verano al lado. Preferimos habitar en el frío e ir avanzando despacio. Ir sembrando semillas e ir avanzando hasta que alguna flor consiga florecer. Cada paso que demos mientras plantemos las semillas por nuestro camino servirá para ver cómo al principio nada crecía, y conforme avanzamos, la flor cada vez resurgirá más de la tierra. Cada vez más colorida, más grande, más bella. Hasta que el tiempo permita a esa flor vivir. Vivir con sentimiento. Y para eso, ha tenido que pasar tiempo, han tenido que presentarse dificultades, ilusiones, esperanzas y desesperanzas. Pero al final, cuando veas a la flor definitiva… Qué maravilla… Y habrás agradecido haber estado en el invierno mientras la nieve te cubría hasta el cuello, y habrás agradecido pelear con murallas de hielo, y habrás agradecido el calor que despierta la primavera y haberte quitado la primera capa. Y haber sonreído al sentir el sol en tu rostro. Y habrás comprendido que si vamos del frío al verano en un paso podemos quemarnos por no estar acostumbrados. Que es bueno entregarse del todo, pero no saltando de blanco a negro en un chasquido de dedos, sino rompiendo barreras, caminando, cogiendo flores y experiencias. Aprendiendo y creciendo. Luchando por ese sentimiento si realmente es verdadero. Hasta llegar al verano; ese verano tan apetecible. Hasta ver que alguien convierta tus blancos y negros en colores. Tu invierno en primavera y finalmente, en verano.

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Y siempre he pensado que la gente que se considera normal ve esta teoría como algo fría, valga la redundancia. Como si fuéramos piedras o máquinas que no somos capaces de sentir porque nos tomamos nuestro tiempo. Señoras y señores, todos tenemos sentimientos. Todos sentimos y sí, nosotros también sentimos con intensidad. Pero los sentimientos surgen con los detalles, las miradas, y el camino andado al lado de esa persona. Los sentimientos se cocinan a fuego lento para que perduren más, para mantener esa magia y las mariposas. Para mantener lo más bonito. Para sorprendernos y sorprender. Para dudar y para mandar las dudas a paseo. Porque dudar es humano, como lo es el miedo. La gente “normal” que lo da todo al principio te prometen la luna o un viaje hacia ella y al día siguiente, esas personas te tapan los ojos porque ni siquiera te dejan verla. Los sentimientos funcionan de una forma inexplicable. No se controlan, es cierto, pero debemos saber que para crear algo sólido, hay que hacerlo con calma, sin prisas, pero sin pausa. Con delicadeza y con tranquilidad. Sin perder nuestra esencia. Sin cambiar ni una pizca de nuestro ser. Porque valemos más de lo que pensamos. Porque siempre es mejor ir de frente, ser nosotros mismos y si alguien te recrimina alguna vez tu forma de ser, la puerta siempre está abierta para que pueda salir cuando quiera. Porque aquí la puerta no se cierra… Si alguien de verdad quiere conocerte, seguirá y echará la llave. Si nunca hubo interés, se marchará. Y te aseguro, que es lo mejor. Y que te sentirás bien.

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Siempre he pensado que era yo el raro por coleccionar momentos, por plantar semillas aunque no crecieran en mi camino y querer aprender todo lo posible. Siempre he pensado que yo era el raro por cocinar los sentimientos a fuego lento, por sentir más en mi interior que por fuera. Por no tener la necesidad de mostrarlo en mi rostro porque el calor de mi interior ya decía que irradiaba sentimiento. Porque el verano se encuentra en mi interior, pero de momento me echo la capucha a la cabeza y sigo caminando en el frío plantando semillas. Creando sentimientos… a fuego lento. Porque la vida se trata de vivirla con sentimiento. Buenos y malos. Que sentir nos hace estar vivos. Y ya no hablo en las relaciones, sino en las amistades, en los momentos, en los museos, en los parques… Si París me ha enseñado algo ha sido que debemos vivir la vida sintiendo y dejar que las cosas pasen a su debido tiempo. Brillar desde dentro porque es lo que realmente nos mueve, porque todo el mundo puede juzgar una portada, pero no todo el mundo puede juzgar tu interior. 

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-S.D.


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