¿WENDY QUERÍA CRECER?

¿No os habéis preguntado cuánto guardamos? Cuántos pasos no damos, cuántos “te quieros” no decimos, cuántos besos nos guardamos y cuántos abrazos escondemos. Todo por el “es que y si…”. Pero ¿y si sí? ¿Y si ese abrazo viene de vuelta y ese beso te envuelve también a ti? Y si no, ¿qué más da? ¿Qué vas a perder? Lo único que conseguirás será que una persona gane un abrazo de oso, un beso de película y un te quiero sincero.

Y es que siempre partimos mordiéndonos el labio inferior, pero nuestros sentimientos siguen tirando de nosotros con fuerza. Y sentimos impotencia cuando nos vamos de una cita sin haber dicho todo aquello que queríamos decir o en cualquier situación en la que los gestos y las miradas digan todo aquello que no verbalizas. ¿Conocéis esa sensación? Se llama arrepentimiento. Y sí, yo la conozco muy bien. Es la sensación de no lanzarte del todo a la piscina por asustar o porque esa persona no te corresponda. Porque a veces no importa quién dé el primer paso porque siempre hay que hacer lo que uno siente siempre y cuando nadie salga herido. Porque quizá un día no puedas decírselo más a quien querías y ahí no habrá vuelta atrás. Tenemos el problema de la sobredosis de sentimientos; sentimos y pensamos tantas cosas que muy rara vez sabemos controlar la situación. Y ahí es cuando surge el daño.

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Y sin embargo, y aunque no queramos hacer daño, lo hacemos. ¿Que hay personas que lo hacen conscientemente? Por supuesto, no lo voy a negar. Pero, ¿qué pasa cuando a una persona no le gusta hacer ese tipo de daño y sin quererlo, lo hace? ¿Qué pasa cuando alguien ha tenido siempre claros sus valores y de repente se vuelve en contra de todos ellos? A veces, hacemos cosas que no deberíamos porque del fondo de nuestro ser sale algo desconocido para nosotros. A veces decimos cosas de las que luego nos arrepentimos o hacemos cosas de las que mejor olvidarnos. ¿Qué pasa cuando estamos con alguien que nos saca esa parte minúscula de nuestro lado malo? ¿Quiénes somos realmente? ¿Aquellos que han intentado hacer lo correcto aun haciendo cosas malas e ir rectificándolas o aquellos que se convierten en inconscientes durante un momento? Siempre decimos que mientras andamos podemos volver por nuestros pasos, pero no creo que sea para modificar sino para rectificar. Y es que cambiar lo que está hecho es algo imposible, pero rectificar sí. Y como se suele decir:

“Rectificar es de sabios”.

¿Wendy hizo daño a Peter Pan al crecer? ¿O solo fue un acto inconsciente? Cuando hacemos algo de lo que luego nos arrepentimos, solemos pedir perdón. ¿Pero de verdad creemos que con una palabra lo vamos a solucionar? Podríamos pensar que “perdón” puede ser lo mismo que decir “baúl”. Pero en verdad, decir “perdón” provoca en el destinatario un cierto sosiego. Y no sé porqué, pero es así. Seis letras y un acento para provocarte cierto alivio. Parece mágico. Es como decir: “te quiero”. ¿A quién no se le despiertan las mariposas con eso?

La magia de la palabras.

Pero bien es cierto que una palabra no puede reparar todo el daño causado, pero es un comienzo. Supongo que a veces se agradece y alivia un poco, pero ¿qué hacemos con el rencor? Hay gente que corre el tupido velo y puede llegar a perdonar, hay otra gente que es incapaz. Puede llegar a perdonar, pero nunca a olvidar. Me pregunto si Wendy de verdad quería crecer y dejar a Peter siendo un niño y dejar de vivir más aventuras junto a él. Si de verdad quería crecer y dejar la fantasía y la locura. Si de verdad quería perder la inocencia que caracterizan a los niños. Si de verdad quería sentirse mal cuando hiciera daño a alguien o sentir el daño en su corazón. Pienso que, al final, el tiempo todo cura. Y que el perdón debe ir acompañado de acciones que signifiquen que de verdad estás arrepentido. Debemos tomar decisiones que, por desgracia, pueden causar daño. Sin embargo, lo importante es no olvidar lo vivido, recordar lo bueno y seguir sonriendo. Y poniéndome en la piel de Wendy, crecer es parte de nuestra vida. Eso significa vivir; crecer física y mentalmente. Tomar decisiones, enamorarse, hacer daño y sentir ese daño. Arrepentirse y pedir perdón. Que te pidan perdón y que te digan “lo eres todo para mí”. Disfrutar el camino y tropezar con piedras. Volar a lo Peter Pan, pero sin magia. Volar las ilusiones, pero siempre con los pies tocando suelo duro. Perder un poco la inocencia y quizá darle un toque de picardía a tu vida de vez en cuando. Recuperar esa inocencia los domingos con café, un edredón y una buena película en buena compañía. Mirar al cielo, respirar hondo y ser feliz. Porque Wendy nunca olvidó a Peter, pero quizá quería ponerse tacones y llevar minifalda y salir un sábado por la noche. Y arrepentirse de haber bebido tanto al día siguiente. A lo mejor se había cansado de la fantasía y quería sentir la realidad tal y como es. Ser humana.  Y sí, una forma de ver el crecimiento es ver la palabra “complicaciones”, pero también significa “aventura”.

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Y es que errar es humano, meter la pata es una cosa que solemos hacer y cuando pides perdón, aunque sea tan solo una palabra, si es sincero, quiere decir que eres más de lo que has hecho por tus valores a lo largo de tu vida que lo que menos que has hecho por ellos. Porque el hecho de que sientas culpabilidad cuando has hecho algo que no deberías ya indica que tienes consciencia, corazón y sentimientos. Y también indica que cualquiera de esas personas te importan. Y eso, eso es crecer.

Los “perdones” como los “te quieros”, sinceros.

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-S.D.


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5 thoughts on “¿WENDY QUERÍA CRECER?

  1. Wendy era joven e idealista, pero comprendió que no podría vivir eternamente de ideales. Como tú has dicho, crecer significa vivir y tomar decisiones. A veces éstas serán acertadas, pero otras veces erraremos y habremos de pedir perdón, a los demás y a nosotros mismos.

    Pero como bien decías al principio, el temor a equivocarnos no nos debe frenar. Y es que realmente, si miramos en retrospectiva, nos acabamos arrepintiendo mucho más de lo que no hemos hecho que de lo que sí.

    Respondiendo al título, yo creo que Wendy sí quería crecer. Muy buena reflexión, Dani! 🙂

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