HABLANDO CON MIRADAS

Hoy me encuentro en el club social de la universidad. Entre el olor a café y croissant. Entre la música de mis cascos y el ajetreo estudiantil. Entre el rápido contacto visual. Entre nosotros.

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Me pregunto qué tienen los ojos o qué les ocurre a las personas que evitan el contacto visual. ¿Tanto miedo nos da aguantar la mirada más de dos segundos? ¿Será verdad que las verdades se esconden en los ojos? ¿Por eso no solemos mirarlos directamente? ¿Para que no descubran nuestro secretos? Y es que dicen que una mirada vale más que mil palabras, y muchas veces, esta frase tiene mucho sentido. Porque con una mirada podemos expresarnos mejor que con palabras atropelladas en nuestra boca. Porque una mirada es empatía, es contacto entre dos personas. Es saber el estado de ánimo de alguien. Una mirada es poder. Es cierto que muchas cosas no se pueden expresar con tan sólo una mirada, pero sólo faltará una para hacerte sentir. Y muchas veces, sirve de complemento para un argumento, para un detalle, para una sonrisa, para un “hola” y para una despedida. Para un “te he echado de menos” y un “te quiero”.

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Tenemos diferentes tipos de gente. Nos encontramos ante gente que está sola mirando los apuntes, escribiendo y con la mano en la cabeza indicando su pesadumbre. Luego tenemos a personas que hablan entre ellas, pero sin mirarse. Están mirando a la pantalla del ordenador o a los papeles que hay esparcidos sobre cada una de las mesas. Y una vez que alguien levanta la mirada para recordarse a ellos mismos que están entre gente y no solos, echan una mirada rápida, y si cruzan esa mirada con alguien, vuelven a lo suyo nerviosos. ¿Qué tendrán los ojos que tanto miedo tenemos de mirarlos?

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Y mientras escribo esto (tras saltarme las clases) estoy mirando la pantalla y echando rápidos vistazos a la gente, analizando lo que hacen y sus miradas. Observando porque sí. Porque siempre me he preguntado por qué me pongo nervioso cuando miro a lo ojos más de dos segundos. ¿Os ha pasado alguna vez? ¿Será que tenemos también miedo de descubrir aquello que no queremos saber realmente? ¿Tendremos miedo también de que descubran nuestros secretos más profundos?

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Y entre tanta voz y tanto grito eufórico por parte de los que están jugando al futbolín, me pregunto qué pasaría si tuviéramos la capacidad de poder mirar a los ojos. Mirar a los ojos sin nervios, sin mirar de un lado a otro. Sin evitar la mirada y sin que nuestro corazón se acelere. Y es que no sé qué tendrán los ojos en sí. Simplemente, no sé qué simbolizan para que nos provoque ese nerviosismo. ¿Nunca os ha pasado que estáis hablando con alguien y evitáis a toda costa el contacto visual? Y es que, qué tendrán las pupilas, esas negras que parecen que vayas a introducirte en un nuevo universo…¿Sabéis qué tienen las miradas?

Las miradas tienen intimidad. Mirar a alguien a los ojos es conocer, conocer de verdad. Es descubrir su universo y que descubra el tuyo. Y eso no se puede dar a todo el mundo, porque mirar a los ojos más de dos segundos es mirar el alma. Es indagar en sus más recónditas experiencias. Mirar a las pupilas de alguien es buscar la sonrisa en ese universo de una remota galaxia con cuerpos estelares. Es conocer y dejarse conocer. Es viajar en una nave espacial a toda pastilla. Porque los ojos te hacen descubrir todo lo que no quieres que se descubra. Y sólo dejamos que lo conozca una persona. Pero también hay que saber mirar, y ahí ya entra algo más que la pupila porque para ello, el corazón también debe viajar. Atravesar el portal y recorrer la oscuridad de la pupila y el colorido iris. Porque para conocer a alguien hay que viajar con la mirada, y con el corazón.

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Y entonces serás capaz de aguantar la mirada, de no evitarla ni apartarla hacia otro lado. Porque, entonces, mirarás con el corazón. Pero, ¿sabes qué? Que nunca se vayan los nervios cuando miras. Que se vaya lo incómodo, lo raro, lo agridulce, pero que nunca, nunca, desaparezcan las mariposas que siempre revolotean cuando miras a alguien a los ojos. A ese alguien especial. A ese universo lleno de satélites y cometas. De estrellas fugaces y mundos que esperan a ser descubiertos y conquistados. Y sobre todo, que nunca desaparezcan esos “nervios” de tu estómago. Y que a pesar de de las mariposas y los nervios, no te puedas resistir a mirar los ojos de ese alguien.

Ah, y que tu corazón nunca deje de acelerase con esa mirada. 

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-S.D.


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10 thoughts on “HABLANDO CON MIRADAS

  1. Me ha pasado. Más de una vez. Ponerme nervioso, perderme, sentirme pequeño, o extraño. Como si mirar me desnudase. Es la misma sensación de… vulnerabilidad.
    ¿Qué tienen que nos da miedo? No sé si tendrán algo específico, o es un caleidoscopio de humanidad que, algunas veces, es abrumadora. Pero sí me gustaría es que… Las miradas atrapan. Yo, por ejemplo, tengo miedo a quedarme atrapado en una, perderme y revelarme. A mí que nunca me ha gustado la atención, jeje. También tengo el “don” de hacer cosas que captan miradas.
    Después de todo, la mirada (los ojos) es la puerta del alma. Y el alma es algo muy íntimo. Muy personal. Muy polémico. Muy misterioso. Muy intimidante. Quizá.
    Pero otras veces… me encanta toparme con una mirada perdida. Aguantarla, desafiarla, sostenerla… Hablarla. 😉

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