DEJEMOS DE BUSCAR EL KARMA

Decimos que el tiempo pone a cada uno en su lugar, que tarde o temprano el karma hará de las suyas. Decimos que a cada cerdo le llega su San Martín y que al final la gente se topará con otra persona que le servirá de espejo. Es decir, personas que se encuentran con sus semejantes y les devuelve todo aquello que han hecho a lo largo de su vida. Una especie de Dios que deambula por ahí repartiendo “justicia”. Y hablando de Dios… “Dios los cría y ellos se juntan” ¿Así era la frase, no?

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Pero… ¿Y si eso sólo lo decimos para intentar autoconvencernos de que hay un final feliz para nosotros y para aquellos que nos han hecho daño tengan un final inesperado en el que su vida girará ciento ochenta grados hacia el infierno? Sin embargo, y aunque nos duela en el alma y nos cueste reconocerlo, no siempre el karma aparece. Que hay gente que recibe palos y palos sin saber qué es una buena noticia. También tenemos a gente que haga lo que haga, ya sea malo o bueno, se van de rositas siempre. Y es que en la vida debemos aprender a saber que no todo sale a pedir de boca. Y debemos saber que el problema no es de aquellos que no reciben su merecido sino de nosotros que deseamos con toda nuestra alma que lo reciban. ¿Y quién nos dice que pensar eso no es malo y que el karma nos lo está devolviendo no haciendo mal a esa gente que se va de rositas? Porque si igual que decimos que les va a llegar su merecido… También podríamos inventarnos que no les llega por nuestro deseo y por nuestra divulgación de esas frases en las que hablamos de cerdos y santos al mismo tiempo. Y creo en el destino, y en el hecho de que si dos personas están destinadas a estar juntas, lo estarán. Y también pienso que si algo pasa es por algo. Pero a pesar de creer en eso, pienso que el karma no siempre está libre para todos.8a52e35a161fd8d2f931b2c4ec94b3f3

¿Nunca os ha pasado que habéis pensado en alguna película así porque así? Simplemente os ha venido a la mente ya sea porque os habéis acordado por algún evento o porque hace mucho tiempo que no la habíais visto. Y de repente, van y la anuncian a lo grande en la pantalla de la televisión de tu salón diciendo que la van a televisar en unos días. Y ahí estás tú con los pies hacia arriba y tu cabeza boca abajo en el sofá. Y entonces… “¡Qué casualidad!” es lo único que sale de tus labios. Y te crees un poco brujo, pero no. De momento no tienes super poderes de adivinación y no puedes ser Phoebe Halliwell. O, por poner otro caso, te topas con alguien con quien habías coincidido hace muchos años atrás, en algún momento de tu vida, que a lo mejor ni siquiera te acuerdas ni os dirigíais la palabra en ese momento, pero sabes que en el pasado compartisteis el mismo aire, y nunca pensarías que esas “casualidades” te pasarían a ti, ni volverías a compartir ese aire de nuevo con esa persona. Y ahora no sólo compartís aire sino que también compartís palabras.

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Sin embargo, siempre he pensado que no es una casualidad, sino que hay conexiones entre personas, entre cuerpo y naturaleza, entre mente y universo. Y es que esas conexiones se producen como lo hacen las neuronas de nuestro cerebro. Se producen constantemente y a una velocidad terrorífica, y ni siquiera nos damos cuenta. A la larga, nos vamos percatando de que pasamos por algo para poder llegar a un punto. Para conseguir romper la cinta de la meta que tanto ansiábamos y que tanto sudor nos ha costado o simplemente, para que se apacigüen las cosas. Y es que esto no es como 1 + 1. No es una ciencia exacta, no resolvemos el problema y si da el resultado correcto está bien y sino está mal. No es blanco o negro. No es algo determinado ni algo preciso. El destino es eso que pasa y ya está. Es eso que sucede con cualquier paso que damos, con cualquier letra que escribimos o tecleamos. Es eso que cambia con tan sólo un movimiento, mirada o sonrisa. Es eso que pasa con tan sólo un beso. Porque algo insignificante puede cambiar el transcurso de nuestro destino.

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Y es que no podemos saber qué resultado va a dar la suma de nuestra vida, pero lo que sí sabemos es que no hay que tratar de averiguar el problema ni temerlo, sino de disfrutar el proceso, de luchar contra el problema, de reírte con tus equivocaciones y no darse por vencido. Y es que dejé de buscar al karma cuando vi que las personas malas parecen ser más felices que las buenas y cuando mis ojos hicieron que vieran las cosas de una forma diferente, accionando mi mente y cambiando el exterior. Dejé de creer en el karma cuando logré, por mí mismo, ser feliz. Y siempre recordaré la frase de una muy buena amiga que me decía “pensamientos positivos atraen cosas positivas”. Y qué razón tenía.

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Atte. Uno que decidió caminar para ser feliz.

-S.D.

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2 thoughts on “DEJEMOS DE BUSCAR EL KARMA

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