MAREAR SE CONVIERTE EN ASIGNATURA PRESENCIAL

Es una verdad universal que hay gente profesional en marear. Mareos como los de las atracciones de una feria. Sientes como un hormigueo nada más empezar y terminas echando la pota detrás de un arbusto. ¡Y con suerte nadie se ha percatado! Está la gente que empieza a regalarte los oídos y a bailarte el agua. Dos expresiones que significan lo mismo; vamos, lo que se conoce como hacer la pelota. Y claro, luego estamos nosotros, porque la gente que marea son las atracciones y no porque nos atraigan, que también, sino porque son culpables de hacernos echar la dignidad detrás del arbusto de la feria y de que al pasar por el puesto de algodón de azúcar que tanto ansiábamos, digamos con una sonrisa tímida: “No, gracias, no tengo hambre.” Que se traduce como un: “Si no quieres que te pote en la cara, mejor que no coma nada.” Y es que para marear, necesitan mareados.

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Y llamo profesional a la gente que marea porque parece que hayan hecho un máster en bailes de agua o en tocar las pelotas. Y es que un día se casan contigo y al día siguiente si te he visto ni me acuerdo. Entonces, te preguntas… ¿Qué cojones he hecho en una noche para cagarla? Y es que lo más divertido es que no has hecho nada. ¡Qué mareo! ¿No?

Pues aquí empieza lo bueno. Si te ha pasado alguna vez esto, has sido víctima de una atracción en todos los sentidos. En el sentido feriante y en el sentido físico-mental de una persona. Pero atentos, esto es, sin duda alguna, lo mejor que te puede pasar. Porque al menos esa gente tiene la decencia de pasar de ti y ahí acaba todo. Pero cuando ese mareo sigue y sigue y al final se convierte en un callejón sin salida, estás perdido. Porque estoy seguro de que la mayoría se ha encontrado en una relación que no es relación ni es nada. Que vives de esas palabras que te decían en aquellos días de feria y ahí te has quedado. Mientras el tiempo pasa y tú tenías que sacar de tu cabeza aquellas palabras de las que tenías que quitar las telarañas que se habían formado en torno a ellas porque la gente que baila no les había concedido un nuevo baile. Y es que aquellos que no mareamos, so11250654_1631513977130288_195087460_nmos mareados porque nosotros nos creemos esas palabras una vez, pero dos no nos la cuelan. O puede que sí, porque el amor, sentimientos o como queráis llamarlo dependiendo del estado personal en el que te encuentres con la otra persona, al fin y al cabo, es algo que no podemos controlar. Entonces, tras oír muchas ñoñerías y palabras sin ver actos, nos volvemos un poco sobreprotectores con nosotros mismos. Y es que en un día no puedes decir cosas que yo, al menos, y una persona en su sano juicio diría en un año, pero “ca uno es ca uno”. Sin embargo, con el tiempo te vuelves más simple, y llega alguien que empieza a regalarte los oídos también, pero en vez de quedarse, pasa. Y es que a ti no te importa que esta persona te regale los oídos esta vez porque te mola, pero tras haber oído miles de moñerías de diferentes fuentes y hacer caso omiso, y no abrir esos regalos sonoros hasta el día que aparece alguien que parece tener pinta de decente, de esto ya sabes un rato, y vas un poco como quien anda en un campo de minas. Y entonces la bomba explota porque esta gente es de la gente que he explicado al principio. No te llevan al callejón sin salidagracias al universo– sino que de mucho pasa a nada. Es como cuando abres una oreo y al no ver la nata te sientes estafado porque en la caja sale la galleta con la nata. Y es que te han vendido la moto bien vendida. Y es que aquellos que no mareamos, nos mareamos porque nos quedamos confusos o sorprendidos. Porque aquellos que no mareamos podemos dar una visión fría, borde y seria, pero en el fondo somos ñoños, risueños y simpáticos en la medida de lo posible. Porque nosotros que pasamos de rollos, y de atracciones y monos de feria somos selectivos porque pensamos que esos momentos son para compartir con una única persona, mientras que los que regalan canciones de amor, besos al aire y palabras sin actos, no. Y es que aun después de todo, sigo creyendo en la complicidad con una persona y en el amor. Y sigo pensando que sentir algo por alguien es algo extraordinariamente bonito a la vez que complicado, porque me río yo de los enamoramientos de hoy en día. Y es que aquellos que no mareamos y nos mareamos estamos, en fin, condenados a un romanticismo íntimo y selectivo, y en peligro de extinción…

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-S.D.

Fotografías: Pinterest.

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